Si de algo están hechas las leyendas y los mitos, son de momentos como los que se viven en cada Super Bowl año tras año. ¿Qué mejor manera de escribir historia que esa?
Ya habiendo quedado en el camino los Vikings y Jaguars, nos topamos en Minnesota con la edición número 52 del súper domingo, plataforma que de nuevo nos volvió a ofrecer uno de esos finales infartantes y casi que de fotografía, que además de los acostumbrados destellos de genialidades de algunos, a su vez fuimos deleitados por inesperados -y asombrosos- héroes.
A pesar de que Tom Brady, LeGarrette Blount, Jay Ajayi, Zach Erzt, Nelson Agholor, e incluso Rob Gronkowski -y Justin Timberlake por su puesto- tuvieron una más que destacada noche, quien en realidad se robó la noche fue Nick Foles, sin duda todos los reflectores apuntaban al quarterback suplente que viniendo desde la misma banca logró no solo tumbar quinielas y callar bocas, sino también llevar a su equipo a conquistar su primer trofeo Vince Lombardi en la historia de la franquicia.
Ese mismo chico que tomó el campo en la semana 14 tras la lesión del quien fuera candidato a MVP, Carson Wentz, y que se vio un tanto errático ante los Raiders un lunes por la noche, empezó a sorprender a propios y extraños con un performance tan certero, a tal punto de ganarse desde entonces la confianza de su coach Doug Pederson, el mismo que se convirtió nuevamente en el verdugo del monje Belichick, previamente como QB de los Browns en el año 2000.
Foles en los playoffs, lanzó para 971 yardas, con seis pases de anotación y una recepción de anotación. Esta última sería precisamente ante los Patriots enfrentando un cuarto down en la yarda uno del rival, convirtiéndola en touchdown con una fenomenal jugada de engaño denominada wildcat formation, una genialidad obra de Frank Reich que no avizoraron en el horizonte Bill Belichick ni Matt Patricia.
De esta manera, Nick Foles se une a dos inmortales, John Elway y Jim Kelly, como los únicos quarterbacks en recibir un pase de anotación en la historia del Super Bowl, así como también en la reducida lista junto a Eli Manning, en haber derrotado a Tom Brady en el mítico partido. Y para cerrar con broche de oro su estupenda participación, fue nombrado como MVP del encuentro. ¿Cómo no serlo tras no solo lanzar 373 yardas y tres magníficos pases para sumar de seis, sino por mover las cadenas de forma tan eficaz en momentos de suma importancia?
Por su parte, Tom Brady fue un hueso duro de roer como era de esperarse, lanzando la increíble suma de 505 yardas - rompiendo su propio récord en un Super Bowl, y la mitad de ellas al conectar con Gronk, Amendola y Hogan- y tres pases de anotación. Sin embargo, por muy nasty que estuviese el veterano de mil batallas, y por poco común que parezca, esta vez no le fue suficiente para poder alcanzar su sexto anillo de campeón, continuando así con la ya popular y casi infalible maldición del MVP no obstante haber jugado con el jersey de la suerte, el blanco.
Sin su otro receptor abierto estrella Brandin Cooks, supieron poner en aprietos a partir del tercer cuarto a la muy bien aceitada defensa de los Eagles, que al manejar los tiempos a la perfección, supieron como frenarlos en momentos claves a lo largo del encuentro, sumando la crucial posesión del ovoide gracias a la captura de Brandon Graham a Brady ya casi llegando a la pausa de los dos minutos, lo que terminó de sepultar las aspiraciones de New England con ocho puntos por debajo en el marcador tras el gol de campo posterior, que incluso así, alcanzó para un último suspiro por parte de TB12 al mejor estilo de Aaron Rodgers con un hail mary que para poca fortuna de ellos, culminó como pase incompleto, terminando de tumbar la balanza del partido en favor de los herederos de Rocky Balboa.
Cabe destacar que los Eagles al ganar sus tres partidos de playoffs, se unen a los Raiders de 1980 y a los Giants de 2007 como los únicos tres equipos en la Era Super Bowl, en ganar todos enfrentamientos de postemporada sin ser los favoritos. A su vez, son el primer equipo en ganar el Super Bowl sin alcanzar las mil yardas recibidas y mil yardas acarreadas desde los Patriots del 2003.
Por si fuera poco, este el más reciente campeonato para la ciudad de Philadelphia desde el conquistado por los Phillies en la Serie Mundial de 2008. Previo a estos, hay que remontarse al año 1983 cuando los 76ers lograron titularse en The Finals de la NBA, y los Flyers en la Stanley Cup de la NHL en 1975, y el de los mismos Eagles en 1960 cuando aún no existía el súper domingo. Por consiguiente, hay motivos de sobra para celebrar en la que fuera la primera capital de la unión americana.
Sin duda alguna, no estuvimos exentos de grandes emociones, como ver a LeGarrette Blount y Chris Long titularse nuevamente campeones pero ahora con otros colores, o ver acabar otra larga sequía, de esas tantas alegrías -o penas- que nos regalan los deportes profesionales en Estados Unidos.
Ahora la pregunta es, ¿será este el nacimiento de una nueva dinastía?
Phily está más que lista para abrazar esa idea de corear al unisono el Fly Eagle Fly por segunda vez y seguir escribiendo historia, mientras que los Eagles se han preparado para arduamente para ello, ya que han sabido armar un equipo verdaderamente competitivo a presente y futuro, desde el draft, hasta la agencia libre.
¿O veremos reinar al monje junto a todos sus discípulos y seguir engordando su legado?
Algo que no suena para nada descabellado, conociendo sus capacidades para mantener a su escuadra en la élite del fútbol americano profesional por dos décadas, su sello personal, pese a perder a Patricia como coordinador defensivo pero no a McDaniels. Así como también de esos rumores de pasillo de que ya esté de salida.
Por ahora, nos toca la parte tediosa de todo esto, lo sé, la larga espera hasta septiembre donde se volverán a iluminar los emparrillados para el kick-off, y así conocer las respuestas de tales enigmas que solo el tiempo nos concederá.
Pero mientras esperamos, disfrutemos de los mejores momentos que nos dejó este electrizante choque de dos pesos pesados...
