Que reconfortante es ver como el deporte que más te apasiona, se supera y evoluciona tras algún escándalos o momentos bastantes complejo como el que ya repasamos unas entradas atrás, y a pesar de algunos otros inconvenientes en el camino, llegó un momento crucial para la expansión de las Grandes Ligas que empezó siendo con una muy diferente intención a la que terminó concretandose.
Pero empecemos por lo primero...
Nos trasladamos al año 1957, ahí conseguiremos un gran choque de emociones, si, ya que los New York Giants y los Brooklyn Dodgers se mudarían al otro lado del país tras finalizar aquella zafra, dejando devastada y muy molesta a toda una afición neoyorquina bien arraigada a ellos desde los mismos inicios de estas franquicias, caso opuesto para los californianos que recibían con bombos y platillos cuales héroes a los Giants en San Francisco y a los Dodgers en Los Angeles respectivamente.
A diferencia de hoy en día, que se puede deber a poca asistencia a los estadios, perdida de capital o que la franquicia simplemente no conquiste campeonatos, esta no fue ni cerca la causa del traslado de los Bums a la costa oeste apenas dos años después de haber obtenido su primera Serie Mundial ante los todo poderosos Yankees, se debió tan solo por la gran ambición de Walter O´Malley -dueño de los Dodgers para ese entonces- en obtener más ganancias e ingresos junto con un nuevo estadio de béisbol, ya que se le negó la posibilidad de ello en Brooklyn para reemplazar su ya casi desfasada sede en la avenida Flatbush, el mítico Ebbets Field.
Mientras que Horace Stoneham -dueño de los Giants-, también tenía sus planes de mudar a su equipo bajo los tradicionales motivos, uno de ellos era el deterioro del legendario Polo Grounds, a su juicio una baja de popularidad de la base fanática a los Giants, en la que consideró mudarse al Bronx e incluso a Minneapolis, pero al haber estado en contacto con O´Malley sobre sus intenciones, viró su vista a California también, fue donde se comunicó con el propio alcalde de San Francisco. De esta manera prevalecería la rivalidad entre ambas franquicias a pesar del cambio de latitud.
Las consecuencias de la partida de ambas organizaciones dejó huérfana a la ciudad de New York, esa denominada Capital del Béisbol en cuanto a la Liga Nacional nos referimos, que ahora solo contaba con los Yankees en la Liga Americana que permanecieron en el Bronx y como único equipo de la gran manzana por increible que pareciera.
Esto inquietó a la desolada metrópolis, y a Robert F. Wagner Jr. el entonces alcalde de la ciudad, quien tomó acción conformando un comité de cuatro personas para intentar traer de regreso a la Liga Nacional a New York para el la temporada de 1958. Se aproximaron a cuatro -Reds, Phillies y Pirates- de los ocho equipos en el viejo circuito para un posible traslado que nunca se pudo concretar.
Pero entonces, a finales de 1958 aparece de nuevo el intento de expansión esta vez liderada por un abogado llamado William Shea, oriundo de la misma capital del béisbol, propuso una tercera liga profesional que se llamaría Continental League (Liga Continental), con la firme intención de devolverle un equipo a su ciudad natal, que tan solo ocho meses después se haría oficial la naciente union, inicialmente con equipos supuestos a hacer vida en las ciudades de Denver, Houston, Toronto, Minneapolis-St. Paul, y por supuesto, en la consentida New York.
Ese mismo año de 1959, se fueron confirmando las ciudades que formarían parte de esta nueva aventura en las Grandes Ligas a través de los dueños y la liga, donde fueron apareciendo algunas otras como Buffalo y Atlanta. Además, el presidente de la nueva liga sería nada más y nada menos que Branch Rickey, quien un año mas tarde junto con Jack Kent Cooke -quien sería propietario de la franquicia de Toronto- anunciarían que el opening day de la Liga Continental sería en abril de 1961.
Todo parecía bien encaminado, hasta que Major League Baseball tomaría cartas en el asunto. Para ese mometo, la oficina del comisionado había perdido un tanto de aquel poder que Kenesaw Mountain Landis poseía, y tanto la Liga Americana y la Liga Nacional, que si gozaban de una autonomia que hoy en día ya no existe, anunciaron expandirse a dos equipos por liga con la prioridad en ciudades donde no hubiesen equipos ya, esto en clara represalia directa a la emergente federación.
La Liga Americana anunciaría a los Washington Senators -hoy día los Texas Rangers-, ya que el previo equipo en la capital había partido a Minnesota para convertirse en los Twins. Mientras que el segundo equipo serían los California Angels, siendo ellos así el primer equipo del joven circuito en hacer vida en la costa oeste.
En tanto, la Liga Nacional también movió su maquinaria, y posicionó una franquicia llamada Colt. 45 en la ciudad de Houston -hoy Astros-, y el esperado regreso del pasatiempo norteamericano a New York se haría una realidad con la llegada de los Mets, que en sus dos primeras campañas, reciclarían el histórico Polo Grounds.
Esto último hizo que William Shea, considerara que el regreso del béisbol a su ciudad natal fuera todo un éxito, y a su vez fue dejando de vociferar a favor de la ascendente liga, cosa que hizo también eco en los otros dueños y pujantes por la misma. Y a solo meses de haber sido creada, la Liga Continental llegaría a su fin en agosto de 1960, sin ni siquiera haber realizado encuentro alguno.
A Shea se le agradeció tal diligencia en la gran manzana, que la primera casa de los Mets llevó su nombre, el Shea Stadium, que haría vida en Queens desde 1964, hasta la zafra de 2008, dandole paso a su sucesor el Citi Field. Además de haber seguido involucrado con el deporte en general en la ciudad de New York por muchos años más.
Podemos afirmar que el legado que dejó esta liga, se pudiera decir que a pesar de haber durado casi nada, comprometió a MLB a tomar la acertada desición de expandirse en los años venideros a un paso casi vertiginoso, algo que eventualmente ya se visualizaba en horizonte para Grandes Ligas, debido a la creciente demanda entre una de las principales razones, asi como también el cambio de rostros en las gerencias de vieja escuela por jovenes empresarios que eran mas dados a los cambios, en este caso en concreto con las expansiones, sin dejar por fuera el crecimiento sostenido que estaba teniendo el fútbol americano profesional para la época.
De las ocho ciudades que apuntaba a tener su própio equipo, solo Buffalo, que su última franquicia data de a finales del siglo XIX, sigue sin poder tener de regreso en casa al mejor béisbol del mundo, tan solo con la excepción de que la campaña de 2020 por el COVID-19, los Blue Jays se vieron en la obligacion de hacer casa en dicha ciudad a causa de las rigurosas normas de salud canadienses.
Y con esto, podemos llegar a la conclusión de que los procesos de expansiones por más que puedan tardar un poco en determinadas ocasiones, al final siempre son sinónimo de crecimiento, positivismo, y de más oportunidades en todos los ámbitos que trae consigo, es por eso que aún hoy se habla de este tema en una industria que genera tanto dinero, donde existen latitudes peleando la atención de MLB por una plaza, bien sea Portland en recientes años, o la ciudad de Montreal que nuevamente aparece en las pugnas por un cupo que los pusiera de nuevo en la palestra del deporte rey.

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