
El segmento de Leyendas vuelve para una ocasión muy especial, en su segunda edición conmemoramos los 33 años de haber sido exaltado a Cooperstown el personaje en relación, hablamos de nada más y nada menos que del único. Luis Aparicio.
Para los que no lo conocen lo suficiente, al final de leer este pequeño pero significativo homenaje, entenderán el porqué de la grandeza de su legado.
Luis Ernesto Aparicio Montiel nació en Maracaibo el 29 de abril del año 1934, creció en una familia beisbolera por excelencia, ya que tanto su padre, Luis Aparicio Ortega apodado "El grande de Maracaibo" y su tio, Ernesto Aparicio, fueron en su momento figuras reconocidas en la capital zuliana, además de ser dueño de los ya desaparecidos Gavilanes de la también extinta Liga Occidental.
Como de pan no solo vive el hombre, Aparicio en su adolescencia jugaba voleibol para el Liceo Baralt, pero ya dedicándose a la pelota, y en tan solo 14 meses como pelotero amateur, jugó en equipos como: Garaje la Principal, Policía de Maracaibo, La Deportiva, Gavilanes Jr, Valdespino, Policía de Caracas y Cardenales de Carora, propiedad de Antonio Herrera, último equipo aficionado donde militó, dejando constancia de su brillantes habilidades para el béisbol.
En el año 1953, fue seleccionado como miembro del equipo venezolano en la Serie Mundial de béisbol amateur disputada en la ciudad de Caracas desde el 12 de septiembre al 9 de octubre, donde Venezuela logró la medalla de plata perdiendo ante Cuba. Luis Aparicio en dicho torneo jugaba en el jardín izquierdo y como primero en el orden al bate.
Tan solo un mes después, es cuando hace su debut como jugador profesional con tan solo 19 años de edad y precisamente en el equipo de su tío Ernesto, exactamente el 18 de noviembre contra el equipo Pastora, quienes eran los eternos rivales en dicha liga. En tal memorable día para la familia Aparicio, Luis recibía por parte de su padre un bate antes del inicio del partido, y al salir a cubrir la defensa, le entrega en sus manos el guante, en analogía de una generación que concluye concediéndole el legado a una que nace.
Su talento con el guante, una implacable agilidad tanto mental como para robar bases, fue que atrajo la atención de los Indians, que para aquel entonces, el Manager General del equipo de Cleveland era Hank Greenberg, figura destacada de los Detroit Tigers en años previos. Greenberg, al ver la baja estatura del prospecto venezolano, desistió de firmarlo al manifestar que era "muy pequeño" para jugar en Las Mayores, ¡vaya error!. Es ahí cuando el venezolano Alfonso "Chico" Carrasquel, campocorto regular de los White Sox para la época, le recomienda al Manager General del equipo, Frank Lane, firmar a Aparico, concretándose por $5.000 dolares el primer año.
Sus pasantias en el sistema de granjas fueron un tanto fugases, su primer año fue en Waterloo con los White Hawks, y al siguiente sube a Doble A en la sucursal de Memphis. Ya a la edad de 22 años hace su primera aparición en las Grandes Ligas el 17 de abril de 1956 como campocorto y remplazando a su compatriota, el Chico Carrasquel. Día que curiosamente, los del sur de la ciudad de los vientos recibían a los Indians en el Comiskey Park, ese equipo que una vez le negó la oportunidad de vestir su uniforme. Aparicio inició como octavo en el line-up de los patiblancos, ligando de 3-1, anotó una carrera y evitó un doble play.
En dicha temporada, conectó 142 imparables, recibió 34 boletos, estafó 21 bases, ligó tres cuadrangulares, impulsó 56 carreras y anotó 69 en 533 turnos al bate, dejando .266 de promedio al bate, .311 de porcentaje de embasado, lo que le valió para ser nombrado Novato del Año en la Liga Americana con 22 votos de 24 posibles por encima de Tito Francona y Rocky Colavito, convirtiéndose en el primer latinoamericano en conseguir este prestigioso laurel.
El año 1959 fue un tanto especial para Luis, ya que fue su primera temporada como líder en bases robadas en la Liga Americana -y en general-, con 56 estafadas. Adicionalmente, fue segundo en para el premio MVP en el joven circuito tan solo por detrás de su compañero Nellie Fox, obtuvo su segundo Guante de Oro, y fue pieza fundamental para que los White Sox ganaran el banderín de la Liga Americana por primera vez desde el escándalo de los Black Sox en 1919, una oportunidad de oro de reivindicarse tras ello pero, caerían en 6 encuentros ante Los Angeles Dodgers.
Estuvo con los patiblancos hasta 1963 al ser traspasado a los Orioles, donde se codeo con peloteros de élite como: Frank Robinson, Jim Palmer y Brooks Robinson. Logra conquistar en su segunda oportunidad un anillo de campeón en la Serie Mundial de 1966 contra los todo poderosos Dodgers de Sandy Koufax y Don Drysdale en tan solo cuatro juegos. Además de tener en su palmares un campeonato y ser líder en imparables en el viejo circuito, continuó siendo ese jugador con una perspicacia única en robar bases, a quien se le acredita haber revivido ese arte en Las Mayores, mientras que su intachable defensa seguía intacta año tras año.
Cuando finaliza la temporada de 1967, regresa a Chicago ya como una figura más que consagrada en el mejor béisbol del mundo, donde sumaría sus últimos dos Guantes de Oro de su muy lucrativa carrera.
En 1970, se enrumba a la costa este de los Estados Unidos para vestir el uniforme de los Red Sox por $100,00.00 y tres temporadas. En su zafra final, dejó promedio ofensivo de .271, impulsa 49 carreras, conecta 135 imparables y alcanzaría su base estafada número 500 de por vida ante los Yankees el 5 de julio.
Al finalizar la temporada de 1973, el hijo prodigio de Maracaibo y Venezuela le dijo adiós al béisbol a sus 39 años de edad, dejando un sin fin de números y récords. Recibió una gran cantidad de reconocimientos, incluyendo 10 Juegos de Estrella -tres de ellos de doble cartelera y campocorto titular en todos ellos-. nueve Guantes de Oro (1958-1962, 1970-1972), líder estafador de almohadillas en nueve campañas consecutivas desde 1956 a 1964 (superando las 50 en cuatro campañas). Al momento de su retiro, Aparicio era líder de todos los tiempos en juegos jugados en el campocorto (2.583), asistencias (8.016) y doble plays (1.553). Incluso el récord de más campañas como líder en porcentaje defensivo por un campocorto, con 8, establecido por Everett Scott y Lou Boudreau.
Esperen, que esto no acaba aquí, hay más. Tuvo 13 zafras consecutivas con apariciones en el plato suficientes para calificar por el titulo de bateo con un porcentaje de embasado menor de .325, un récord en las Grandes Ligas, ya que su OBP estaba ligeramente por encima de un campocorto promedio durante su época; .311 vs .309. Una hazaña más impresionante fue su racha de 16 temporadas con más de 500 turnos al bate, empatado con en la quinta mejor en la historia de las Grandes Ligas.
Deténganse un momento a ver los nombres de los que jugaron en su época, con los que hizo equipo y con los que tenia en la acera de enfrente, para que vea que tener esos números que Don Luis logró, no es uno más del montón.
Cabe destacar que Aparicio no jugó otra cosa que no fuera la posición número 6, que de esos 2.583 partidos en el campocorto, duró como récord en Las Mayores en esa posición hasta el mayo del 2008, cuando su compatriota Omar Vizquel lo supero en ese rubro. Sus 2.677 indiscutibles también fue una marca impuesta por el zuliano que sobrepasó Vizquel en junio de 2009, así como también sus 2.673 imparables como shortstop, quebrada por Derek Jeter en agosto del mismo 2009. Es decir, que sus marcas han sido superadas por solo pocos después de casi 40 años, eso habla y mucho de la grandeza de Little Louie.
Pero su grandeza estaba aún por concretarse eternamente, en 1984 y en su sexto año de elegibilidad, logra ser el primer venezolano en ser exaltado a Cooperstown con el 84,62% de los votos, su dorsal 11 fue retirado por los White Sox e inmortalizado al Salón de la Fama de los Orioles. En 19 campañas en las Grandes Ligas, participó en 2.599 juegos, conectó 2.677 imparables en 10.230 turnos con .262 de promedio vitalicio, además de 394 dobles, 83 cuadrangulares, 791 impulsadas, 1.335 anotadas y 506 bases robadas. En cuanto al guante se refiere, culminó con .972 de promedio defensivo, lideró la Liga Americana en ocho oportunidades en ese rubo, siente en asistencias, y cuatro en corredores puestos out. Lo que le valió para que Major League Baseball lo colocara en el equipo del Siglo XX.
Un dato curioso, es que en la temporada 2005 en las Grandes Ligas, los White Sox lograron alcanzar el terreno sagrado de la Serie Mundial dirigidos por Oswaldo Guillén, era la primera vez para los del sur de Chicago en un clásico de otoño desde 1959. Para el Juego 1, Aparicio fue el encargado de lanzar la bola ceremonial ante una afición que lo ovacionó demostrando que no olvida a sus héroes. Y para el año entrante, su estatua de bronze fue develada en el U.S Celluar Field junto con la del en otrora segunda base Nellie Fox, ambos en posición para una doblematanza, una imagen que se repitió con mucha frecuencia por muchos años, quedó inmortalizada para todos los fanáticos en Chicago.
No podemos pasar por alto su participación en la pelota invernal venezolana, donde logró conectar 393 imparables de por vida. Jugó durante 13 temporadas vistiendo los uniformes de los Leones del Caracas, Tiburones de La Guaira, Águilas del Zulia, Tigres de Aragua y Cardenales de Lara, participando en calidad de refuerzo en una Serie Final con los extintos Industriales de Valencia.
Cuando el Salón de la Fama del Béisbol Venezolano abrió sus puertas en la ciudad de Valencia en 2003, Don Luis fue exaltado en la primera clase junto a figuras criollas como: Alejandro Patón Carrasquel, Victor Davalillo, César Tovar, Vidal López, José de la Trinidad Carrao Bracho, y sin dejar por fuera a quien fuera uno de sus mentores, Alfonso Chico Carrasquel. Igualmente, fue incluido en el Salón de la Fama de la Herencia Hispana en el año 2007.
Posterior a su retiro, se dedicó a ser estratega en la LVBP con las Águilas del Zulia, Navegantes del Magallanes, Cardenales de Lara, Tiburones de la Guaira y Petroleros de Cabimas -hoy Bravos de Margarita-. Pero si hay algo que si ha caracterizado a Luis Aparicio, ha sido su honestidad, firmeza, compromiso y responsabilidad durante su vida, eso lo llevó a apartarse de los dugouts debido a que en muchas ocasiones ha afirmado de que los peloteros no tienen la ardua disciplina de antaño, y al imponer la manera que debe ser, muchos jugadores no toleraban tales métodos.
Como todos sabemos, el estadio de las Águilas del Zulia, lleva el nombre de Luis Aparicio El Grande, en memoria del padre de Don Luis, pero todo el complejo deportivo lleva el nombre de Luis Aparicio Montiel.
Añadiendo más importancia al intachale e increible legado, se empezó a entregar en 2004 el premio Luis Aparicio, para el mejor jugador venezolano en la temporada previa de las Grandes Ligas, en donde votan periodistas deportivos en Venezuela. En Maracaibo, se festeja el 11 de noviembre como el día de Luis Aparicio, en referencia a su característico dorsal número 11.
Hoy, a sus 83 años de edad goza de buena salud, y reside en la ciudad larense de Barquisimeto. Sin duda que la magnitud de sus logros son de admirar, no solamente por sus capacidades en el terreno de juego y fuera de el, sino por su constancia demostrando de que cualquier cosa en esta vida es posible, incluso teniendo las posibilidades en contra, y sobre todo, por ser hijo de esta tierra, nuestra tierra, por eso tendrá nuestro eterno respeto, a un ser humano íntegro y luchador.
No queda más que agradecerle por tanto, y desearle.. !Larga vida, Don Luis!
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