viernes, 8 de diciembre de 2017

Simplemente ¡Gracias!





La vida está llena de momentos únicos e irrepetibles que te marcan para siempre, y en mi caso, uno de ellos se efectuó en octubre del año 2004.

Después que el puertorriqueño Carlos Beltrán había demostrado con creces su gran potencial durante cinco temporadas en la gran carpa, ya con el premio Novato del Año en su palmares, se veía encaminado a convertirse en el jugador franquicia de la organización de Kansas como digno heredero del gran George Brett, pero los Royals tenían otros planes al decidir traspasarlo el mes de junio a los Astros, en un triple acuerdo que involucró varios peloteros -entre ellos al dominicano Octavio Dotel- y dos organizaciones (Oakland y Houston).

Y he aquí el porque de mi inolvidable experiencia...

Como podrán notar, crecí como un empedernido y ferviente fanático de este asombroso deporte, y recuerdo como si hubiese sido ayer cuando me encontraba cursando el segundo año de secundaria y durante este mencionado mes, mis noches fueron más prolongadas que de costumbre a causa de la buena pelota que estaba admirando en ese otoño, al seguir no solo la asombrosa galopada de los Red Sox a su primer título desde 1918, sino a la extraordinaria actuación del caballo puertorriqueño con los siderales, quien por primera vez en su carrera veía acción en la postemporada del mejor béisbol del mundo.

El sensacional desempeño del oriundo de Manati en aquellos playoffs, te hacia percibir calidad pura y de primera en un pelotero, así como también una casta de campeón y una confianza en sí mismo en el plato como si se tratara de un veterano de mil batallas en tales estancias. Prueba de ello son los números que dejó: .455 de AVG, 21 carreras anotadas,14 impulsadas y ocho cuadrangulares en 12 encuentros disputados (cinco contra Atlanta en Serie Divisional y siete contra St. Louis en Serie de Campeonato).

Cabe destacar que con esos ocho vuelacercas igualó en esa oportunidad a Barry Bonds con más jonrones para un jugador en postemporada y en apenas la mitad de partidos disputados, además conectó cinco batazos de vuelta completa en cinco partidos consecutivos, marca que duró hasta 2015 cuando Daniel Murphy aún en las filas de los Mets, rompió el récord de Beltrán con seis largometrajes.




Un dato curioso de todo esto, es que brilló teniendo al lado a las Killer B´s -emblemas e insignias de la organización-, Lance Berkman, Jeff Kent, etc. 

Impresionante, ¿no?

A pesar de la mágica actuación de Carlos Beltrán, y ese místico grupo guiado por Phil Garner que hacia las pequeñas cosas; jugaba un béisbol inteligente con buena ofensiva, pitcheo y buenos guantes, los St. Louis Cardinals de Tony La Russa se interfirieron en lo que hubiese sido el primer clásico de otoño en la historia de los de Houston con un buen camino labrado tras sí, y por supuesto, la primera del Mr. Octubre Jr..

En fín...

Con este muy grato recuerdo que tengo del boricua, quería sacar a relucir como captó mi atención en tales circunstancias, sin importar cuanto me podían gustar las estadísticas desde muy temprana edad, era lo que menos pensaba al verlo en acción, tal como a cualquier niño o joven con la fiebre a un deporte que le es fácil deleitarse y admirar a un bateador de ese calibre al ejecutar tal hazaña, que como si fuera poco su paciencia, inteligencia, elegancia y destreza en el plato, además de destacarse -y de manera muy eficaz- a las dos manos, rápido en los jardines y ágil con el guante, también respondía en situaciones cuando el equipo más lo necesitaba, todo un bateador clutch.

A día de hoy, siendo una persona muy minuciosa con los números de un jugador, ya que en mi criterio forman una especie de identidad para cada jugador y que hablan por ellos mismos, los logros de Carlos Beltrán en aquella campaña me impresionan aún más al verlos en retrospectiva.

Esto lo siguió ratificando con su llegada a Queens por $119 millones y siete temporadas, luego en la costa oeste en la bahía de San Francisco, de igual modo en Missouri, en el Bronx, Arlington, y nuevamente en la ciudad espacial, en esta última fue donde al fin logró concretar lo que siempre buscó durante sus 20 años de carrera profesional, el derecho de llamarse campeón, algo que se le hizo esquivo también en par de oportunidades al representar a Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol, en la que sin duda alguna dejó todo representando a su patria.

Su calidad como pelotero, en la que cosechó tres Guantes de Oro, dos Bates de Plata y nueve Juegos de Estrellas, solo se compara con su calidad humana y sentido puro de compañerismo dicho por quienes compartieron clubhouse con él, en la que sin egos ni molestia alguna, es de los que aconseja e imparte constantemente conocimientos a los más jóvenes en cualquier dugout, no solo de como mejorar su swing o mecánica, sino a preparar mentalmente al reto que es jugar en Las Mayores.

Al ver sus lagrimas por la alegría que lo embargaba al ganarse el derecho de llamarse campeón tras el out 27 en el Dodger Stadium el pasado mes, es un claro motivo por el que cualquier fanático se sentiría bastante conmovido, de como se cierra el telón de un final justo y feliz para una carrera que ya merecía tal distinción desde hace tiempo y que además se le hizo esquiva una vez, corroborando eso que dicen por ahí que "el que persevera, alcanza".

Este, es un pequeño homenaje a la exitosa trayectoria de un gran pelotero -de mis favoritos-, un excelente ser humano, de como me inspiró a la hora de afrontar retos propios en el diamante, y esperaremos desde nuestra acera un pronto regreso de su parte como estratega en algún momento cercano, algo que él mismo ha dejado ver desde hace algún tiempo.

Honor a quien honor merece, y simplemente.. ¡Gracias por este inolvidable viaje, Carlos!


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